La herencia que cuenta

Una de las mayores preocupaciones del ámbito educativo, luego que la irrupción de la pandemia por Covid-19 trastocara la escolaridad de millones de estudiantes, es cuánto se podía agravar el fenómeno de la deserción escolar, especialmente en el nivel medio, donde ya era un problema de larga data. Preocupación que se ve validada por dos datos alarmantes: que solo el 29% de los jóvenes que ingresan al primer año del secundario, egresan sin problemas en sus trayectorias educativas en el tiempo pautado, cinco (o seis) años después, y que un millón de estudiantes tuvieron contacto nulo o escaso con sus escuelas en este año 2020[1].

La profundización de la crisis ya imperante en el país obliga a revisar, también, el impacto de los vaivenes del ciclo económico en la decisión de desertar. Un documento de próxima publicación de la Fundación Konrad Adenauer[2], busca dar respuesta a esta pregunta analizando el fenómeno de la deserción en el nivel medio en la Argentina, concentrándose especialmente en los determinantes que acompañan los ciclos económicos. En una crisis, por un lado, ante la caída de ingresos, recrudecen las restricciones presupuestarias y crediticias, por lo que la necesidad de suavizar el consumo en una familia, puede forzar la discontinuidad de los estudios; pero, por otro lado, la misma crisis afecta los niveles de empleo, bajando simultáneamente las posibilidades de conseguir trabajo y el costo de oportunidad de estudiar, lo que promueve la continuidad escolar, sustituyendo trabajo por educación. Estos efectos ingreso y sustitución aparecen simultáneamente en este contexto, y tienen signos contrarios.

Utilizando dos fuentes de información independientes, se exploran las tasas de abandono para el período 2003 a 2019, examinando primero las estadísticas del Ministerio de Educación de la Nación, y luego la base de microdatos de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH). La primera tiene un alto nivel de agregación pero son datos que incluyen a la matrícula completa del país, mientras que la segunda fuente, si bien son datos muestrales, tiene una gran riqueza al permitir el análisis de la decisión de abandono a nivel individual.

Del análisis de la primera base surge que, ante una baja del nivel del ingreso per cápita familiar, la tasa de deserción aumentay que, paralelamente, subas en las tasas de actividad laboral se asocian a aumentos en la deserción.Caídas del 10% del ingreso, se asocian a incrementos de la deserción total de 0.7 puntos, mientras que un punto de aumento de la tasa de actividad laboral, se asocia a aumentos de la deserción total de 0.5 puntos porcentuales. Cuando la estimación se focalizaen los jóvenes de los últimos tres años del secundario, cercanos a la edad legal para trabajar, el impacto es todavía más fuerte.

Con los datos de la EPH es posible hacer el seguimiento de los jóvenes en edad de asistir a la escuela secundaria, pudiendo observar si continúan o no sus estudios mientras están en la muestra, controlando por un gran número de condicionantes individuales y familiares[3], que permitan aislar mejor el efecto del ciclo económico.

Se observa que la edad es crítica en la decisióndel estudiante, aumentando las chances de deserción con cada año de edad adicional, indicio de que a medida que pasa el tiempo, se hacen más costosas las horas dedicadas al estudio comparadas con otras posibilidades fuera de la escuela. Aunque esto no necesariamente debería ser así, ya que el costo de abandonar también debería ser mayor a medida que se avanza en la secundaria, en vista de los años ya invertidos. Sin embargo, al incorporar las variables que aproximan tanto el costo de oportunidad como el retorno a la educación, ésta última aparece como no significativa en cualquiera de las especificaciones, señalando que el costo de oportunidad de sostener los estudios, versus salir a trabajar, es lo que pesa más en la decisión.

En cuanto a las variables que acompañan al ciclo, la relacionada con los ingresos familiares muestran que, en promedio, los aumentos se asocian a caídas en el riesgo relativo de deserción y que, más allá de la condición de actividad del tutor, lo que más evalúan los jóvenes es el valor de escolaridad respecto a sus propias posibilidades afuera. Pero a su vez, la evidencia indica que en los momentos de retracción económica, pesan sobre todo las características individuales, estructurales, no atadas (o menos atadas) al ciclo económico, como el género, la educación de los padres, la estructura del hogar, la vivienda y el  barrio, con especial relevancia de las transferencias del Estado. Y que, en cambio, es en los momentos de expansión, donde el ingreso familiar y el costo de oportunidad se vuelven relevantes y pesan en la decisión de los jóvenes, y cuando la edad de los estudiantes determina también la decisión.

Es importante destacar que la educación del jefe de hogar siempre protege contra la deserción. En ambas fases del ciclo, cuanto mayor educación tenga el jefe de familia, menor es la probabilidad de abandono escolar. Siendo la variable que expone el mayor diferencial en las probabilidades de deserción entre sus categorías. A los 16 años, la probabilidad de deserción de un jóven cuyo padre tiene universitario completo es de 5%, si el padre tiene primario incompleto es casi 15%.

Si bien la información analizada no permite incluir todas las cuestiones motivacionales, ni de calidad o de estructura educativa que la bibliografía ha destacado como muy importantes en el fenómeno del abandono del nivel medio, los resultados del informe permiten concluir que, por un lado, las características de vulnerabilidad socioeconómicas empujan a discontinuar los estudios aun cuando no se vislumbren oportunidades de trabajo propia, y sin que las condiciones de ingresos o laborales de los padres influyan en la decisión. Y, por otro lado, que cuando las condiciones económicas son favorables, si bien el crecimiento de los ingresos familiares empujan la decisión a mantener la escolaridad, al aumentar el costo de sostener los estudios, en vista de las nuevas oportunidades afuera de la escuela, las chances de deserción aumentan.

La caída generalizada de ingresos reales durante el aislamiento obligatorio, que justificó la asistencia estatal tanto a personas como empresas, mitigó inicialmente la incidencia de la crisis, pero no pudo evitar el crecimiento de los niveles de pobreza y marginalidad, afectando desproporcionadamente a niños y adolescentes. El aumento de todas las problemáticas estructurales asociadas a la deserción en épocas de recesión se vieron especialmente intensificadas este año, haciendo prever una aceleración de la tasa de abandono que, como los resultados indican, no se detendrá cuando la crisis se revierta y aumente el costo de oportunidad de estudiar.

Los datos revelan que la transferencia intergeneracional de la educación es crucial para reducir al mínimo la tasa de abandono, haciendo imprescindible una apuesta al largo plazo, de políticas educativas consensuadas y sostenibles más allá de colores partidarios, que apunten  a la retención de los jóvenes en el nivel secundario y que alienten la prosecución de niveles de educación superiores. Solo así se podrá acotar al mínimo el fenómeno de la deserción y lograr revertir los años de desinversión en capital humano que retrasan cada vez más el desarrollo del país, que no es más que suma del desarrollo individual y donde la educación se convierte en la herencia que cuenta.

Ivana Templado


[1]Ministerio de Educación (2020) Evaluación de la educación secundaria en Argentina 2019. https://www.argentina.gob.ar/educacion/evaluacion-informacion-educativa

[2]El ciclo económico y su impacto en la deserción secundaria. Evidencia para la Argentina. Ivana Templado. Fundación Konrad Adenauer. Próximo a publicarse.

[3]Los factores con mayor  poder explicativo indican que: (i) cuanto mayor la educación del jefe de familia, menor es el riego de deserción, (ii) las mujeres tienen en promedio, un 25% menos chances de abandono que los varones. (iii)  quienes pertenecen a familias biparentales, tienen un riesgo de deserción menor relativo a las uniparentales, (iv) cuanto más hermanos, mayor también la probabilidad de abandono, lo que a su vez está directamente relacionado con el nivel de hacinamiento que, a medida que aumenta, desalienta la continuidad educativa, (v) viviendas con buena calidad en su construcción (cañerías embutidas y baño dentro de la vivienda) también aparecen como predictores de la continuidad escolar, (vi) en contraposición, los jóvenes vecinos de barrios marginales y vulnerables evidencian una desventaja a la hora de la continuidad escolar, aunque la misma se puede volver neutral en determinados momentos del ciclo, (vii) el hecho de que la familia sea receptora de ayuda estatal, no colabora en la baja del riesgo de abandono, por el contrario, lo incrementa o a lo sumo es neutral, y esto se observa aun controlando por otros condicionantes de vulnerabilidad económica y social.

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