Infraestructura escolar (Parte II)

En la nota anterior de esta misma sección de Indicadores de Coyuntura se revisaban algunos indicadores básicos de la infraestructura escolar para tener una idea rápida de las condiciones con las que las escuelas enfrentaban este segundo año de la pandemia por Covid-19. Se examinaba tanto lo concerniente a las conexiones a las redes de agua pública, presencia de baños y energía eléctrica, como el tamaño de las secciones (o grados), para evaluar la cantidad de burbujas necesarias para respetar la distancia prevista entre estudiantes, si bien este último indicador se observa solo a título orientativo porque no hay información que indique las dimensiones de las aulas. La revisión exponía déficits importantes en el acceso de agua y luz en algunas provincias y daba cuenta, una vez más, de la gran heterogeneidad entre las distintas jurisdicciones del país y entre los sectores público y privado.

Teniendo en cuenta que la infraestructura escolar es considerada un condicionante importante en los logros educativos (Miranda López, F., 2018;  Banco Mundial, 2018; CAF, 2016; BID, 2011; entre otros), en esta nota se continúa con el análisis, aún exploratorio, sobre este tema, focalizado en el nivel medio, que es al que corresponden los datos más actualizados tanto a nivel de evaluación de aprendizajes como de estadísticas de infraestructura escolar. Del Operativo Aprender se utilizan las respuestas de los directores a preguntas sobre los servicios con los que cuentan las escuelas, y de la base de estudiantes se rescatan los puntajes  de  la evaluación en matemática, que luego se promedian para la escuela de pertenencia de cada joven. Es decir, en esta primera aproximación, se contrastan resultados agregados a nivel de escuela. Queda pendiente un análisis econométrico más profundo, a nivel de microdatos, que pueda incluir toda la información relevante del estudiante, su sección, escuela, entorno familiar, además de las variables de su trayectoria escolar[1].

Con el objetivo de examinar la relación entre logros e infraestructura se calculan dos índices, siguiendo a F.M.López (2018), quien en su análisis del tema propone evaluar paralelamente lo que denomina infraestructura no curricular y curricular. La primera es la que se asimila a la definición más tradicional y que incluye todos los elementos físicos de la escuela, desde los elementos de enseñanza (pizarrón, tizas, pupitres), hasta las instalaciones (baños, servicios de agua, luz, etc.); mientras que la segunda incorpora elementos o espacios que ayudarían al proceso de enseñanza-aprendizaje y a la adecuación de contenidos a nuevas propuestas pedagógicas (bibliotecas, laboratorios de ciencias, salas de música, salas de profesores, acceso a internet, computadoras, etc.)

Construye dos índices muy simples que sintetizan la disponibilidad de estos servicios o elementos de infraestructura. Es decir, miden  con qué  porcentaje de estos elementos cuenta cada escuela para su funcionamiento. Dado que en las bases antedichas, la presencia de un servicio determinado se especifica con un uno y la ausencia con cero, el índice contabiliza la presencia de cada elemento o servicio[2] y divide por la cantidad de indicadores evaluados. Varía entre 0 y 100%.

Índice de infraestructura no curricular (InNoCurr): se contabiliza la presencia de agua de red, desagües, electricidad, baños y acceso asfaltado al establecimiento. Son cinco indicadores

Índice de infraestructura curricular (InCurr): se contabiliza la presencia de biblioteca en espacio exclusivo, laboratorio de informática en espacio exclusivo, conexión a internet en la escuela, alcance de internet a las aulas, alcance de internet a la biblioteca, alcance de internet al laboratorio y sala de profesores. Son siete indicadores.

Gráfico 1

Disponibilidad de infraestructura física y curricular en las escuelas. Promedio por Jurisdicción

El Gráfico 1 muestra que el promedio del índice que mide la disponibilidad de los indicadores incluidos en la infraestructura no curricular, se ubica en un 95% solo para las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires. Es decir, en CABA, en promedio, las escuelas cuentan con el 95% de los elementos asociados a la infraestructura física. Por otro lado, para más de la mitad de las jurisdicciones este índice se ubica arriba del 80% en promedio. Para Salta, Tucumán, Jujuy, Catamarca y Corrientes, la media está por encima del 70%, es decir las escuelas cuentan con el 70% de dichos elementos de infraestructura física. Y en Misiones, Santiago del Estero, Chaco y Formosa el índice se encuentra entre el 70% y 60%.

La presencia de los servicios o elementos asociados con lo curricular, se observa en todos los casos más bajo. Nuevamente son las escuelas de CABA donde este índice es mayor, ubicándose en un 86%. En los establecimientos escolares del resto de las jurisdicciones, solo se cuenta con el 70% o menos de elementos o instalaciones más específicas a la dinámica del aprendizaje como bibliotecas o laboratorios. Mientras que son numerosas las jurisdicciones donde este índice se ubica hasta por debajo del 40%

El Gráfico 2 por su parte, explicita la relación entre el desempeño de los estudiantes y los índices de infraestructura curricular (en rojo) y no curricular (en azul). Cada punto representa una provincia.  En el eje vertical está representado el promedio, por escuela secundaria, de los puntajes de matemática;  y en el eje horizontal, los promedios de cada índice. El gráfico expone claramente la correlación entre la infraestructura y los logros, cuanto mejor la primera, mejor el desempeño académico. Se observa que el impacto de las instalaciones básicas, asociadas a la infraestructura física, es la que aparece como más importante, ya que muestra una pendiente más empinada.

Gráfico 2

Relación entre la disponibilidad de infraestructura y el puntaje en matemática

El edificio“escuela” es el puntapié inicial para la labor educativa, y ha sido una de las piedras fundamentales de las políticas públicas orientadas a la educación en nuestro país. Dado el paso inicial que asegura la presencia de establecimientos educativos y la universalización escolar (y la consecución de este objetivo, sobre todo a nivel primario), el paso que sigue es la revisión de las características edilicias de dichos establecimientos. Con la irrupción del Covid-19,  las cuestiones asociadas a los déficits en infraestructura escolar, como tantas otras problemáticas educativas, se hicieron más visibles. Por esto, para complementar la descripción realizada en la nota anterior sobre los déficits estructurales de determinados servicios básicos, como agua, baños y electricidad;  en esta oportunidad, siguiendo a F. M. López (2018), se utilizan dos índices: el primero resume varios de estos elementos o servicios asociados a la infraestructura física, y el segundo sintetiza indicadores o elementos vinculados con las actividades específicas de enseñanza y aprendizaje.

Los resultados exponen que hay mayor acervo de infraestructura física que curricular, con una gran dispersión entre provincias. Por ejemplo,  en promedio las escuelas de CABA disponen del 95% de los servicios básicos de infraestructura, mientras que las de Formosa, solo del 60%. A su vez, la disponibilidad de instalaciones, asociadas a la infraestructura curricular con la que cuentan los establecimientos, varían entre el 40% y el 86%.  Finalmente,  aunque solo a titulo exploratorio,  los datos de 2019 exponen una relación positiva muy marcada entre la infraestructura escolar de cada provincia y los logros educativos de los jóvenes de secundaria de dicha jurisdicción, cuanto mejor la primera, mayores los segundos. Esta relación muestra que si bien la infraestructura curricular, esto es, que las escuelas cuenten con los elementos e instalaciones que colaboren con la pedagogía y acerquen posibilidades de innovación, es muy importante, sigue siendo primordial la disponibilidad de la infraestructura física en los establecimientos..

Ivana Templado


[1]Claus, A. (2018) mira este caso para Argentina con los datos de los Operativos ONE 2009 y 2013, encontrando una correlación significativa entre infraestructura y aprendizajes. Sin embargo, la significatividad se pierde a medida que se incorporan algunas variables de control. También varía dependiendo si se toman los resultados de lengua y matemática, y es mucho más débil para el operativo 2013.

[2]Los mismos se adaptaron de los originales propuestos por el autor dependiendo de la información de las bases explicitadas más arriba.


Referencias

Barrett, P., Treves, A., Shmis, T., Ambasz, D.,  Ustinova, M.(2019) The Impact of School Infrastructure on Learning: A Synthesis of the Evidence. International Development in Focus. Washington, DC: World Bank. doi:10.1596/978-1-4648-1378-8

CAF (2016) La importancia de tener una buena infraestructura escolar.

Claus, A. (2018).El Impacto de la Infraestructura Escolar en los Aprendizajes de las Escuelas Secundarias. III Congreso Latinoamericanode Medición y Evaluación Educacional (COLMEE 2018). INNEd, INEE,MIDE-UC, INEVAL, Montevideo, Uruguay.

Duarte, J., Gargiuolo, C., Moreno, M. (2011)  Infraestructura escolar y aprendizajes en la educación básica latinoamericana: Un análisis a partir del SERCE. BID. División de Educación(SCL/EDU). Notas Técnicas. # IDB-TN-277

Miranda López, F. (2018). Políticas de infraestructura educativa y su efecto en el aprendizaje de los estudiantes: un análisis comparado en países de América Latina. Revista Latinoamericana de Educación Comparada

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