La agroindustria fue protagonista en el primer trimestre de 2021

La agroindustria representó el 77% de las exportaciones en el primer bimestre del año, se prepara para producir un valor récord de ventas externas pese a la sequía, favorecida por el aumento de los precios internacionales. En contraste, las políticas hacia el sector muestran oscilaciones y descuidos que no atienden a las necesidades de su desarrollo de corto y mediano plazo.

El sector agropecuario ha sido protagonista en estos primeros meses de 2021 luego de un año completo en 2020 cuando, pese a la Pandemia, se desempeñó casi con normalidad y logró sortear los problemas de adecuación de toda su cadena productiva a las nuevas condiciones sanitarias.

Su protagonismo se debe a dos aspectos relevantes para la crítica situación económica actual de la Argentina. Por una parte, en un país sin reservas de divisas en su Banco Central, el sector agroindustrial sigue siendo el principal abastecedor neto de dólares. Por otra, en un país con altos niveles de inflación, la evolución del precio de los alimentos es seguida con especial cuidado por las autoridades. Las perspectivas exportadoras son optimistas mientras que las perspectivas inflacionarias son preocupantes. Paradójicamente, hay una causa aparentemente común para ambos resultados: el aumento del precio internacional de los productos básicos (ver Gráfico 1). Esos precios han aumentado en torno del 50% en dólares desde el año pasado.

Gráfico 1

En primer lugar, corresponde analizar las perspectivas exportadoras. Los expertos coinciden en señalar que la sequía persistente puso un límite a la producción. El alivio climático reciente, con todo, alcanzó para mejorar las previsiones disponibles. Según los análisis de las Bolsas de Cereales de Buenos Aires y Rosario, la campaña 2020/2021 generará un aumento del ingreso de divisas por exportaciones de granos y subproductos del orden del 36% con respecto al año pasado (33/34 mil millones de dólares según la BCBA) y, por lo tanto, también aumentarán los ingresos fiscales por Derechos de Exportación (USD 7,8-8 mil millones según la BCBA).Adicionalmente, si bien los distintos niveles de gobierno sumados aplican para el promedio de los principales cultivos una presión impositiva de 60% sobre la renta agrícola (estimaciones de la Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina -FADA-), los mayores precios permitirán financiar las actividades agroindustriales frente a un mercado financiero con una oferta magra. De allí que se estimen intenciones de siembra altas para el trigo y para la cebada en los próximos meses cuando comienzan las labores.

En segundo lugar, las autoridades se enfrentan a un aumento de los precios internacionales que impulsan las exportaciones y, por lo tanto, obligan a las industrias locales a competir por la materia prima. Esta situación que se maneja habitualmente sin conflicto entre las partes encuentra hoy un límite en los intentos del gobierno por obtener una convergencia de los precios internos para controlar la inflación. De allí las múltiples reuniones entre representantes del Ministerio de la Producción, que incluye a la Secretaría de Comercio, y los representantes de las cadenas productivas de alimentos. Las estrategias del gobierno no son claras ni para los productores ni para la industria ya que en algunos casos se han logrado acuerdos como el fideicomiso aceitero para que el sector exportador subsidie el consumo interno con fondos propios, para luego pasar a medidas de control y castigo como la imputación y amenazas de multas a las empresas productoras de alimentos más grandes acusándolas de desabastecimiento. Más recientemente, en el caso de la cadena del trigo se pasó de un enfoque de controles a uno de acuerdos para que, en un mercado con stocks reducidos debido a la sequía, la industria anticipe cuellos de botella en insumos críticos con el fin de lograr medidas correctivas con el tiempo suficiente.También se establecieron acuerdos para las carnes no vacunas.

Por su parte, el caso de la carne vacuna es quizás uno de los más significativos por su importancia en el consumo interno a la vez que su sector exportador ha encontrado un impulso importante en el abastecimiento a China. Brasil, Uruguay y la Argentina abastecieron en el primer bimestre de 2021 casi el 80% de la demanda China de este producto. Si bien la participación de las exportaciones en la faena es aún baja (en torno del 30%), también en este  sector se han registrado problemas por el aumento de precios de granos forrajeros y la sequía. Los precios de la carne vacuna aumentaron significativamente desde el año pasado y su consumo decreció hasta los 50 kg por habitante al año (ver el número anterior de Indicadores de Coyuntura). De continuar la tendencia actual en los mercados internacionales de alimentos, es probable que el aumento de la demanda mundial de productos de la carne vacuna y la buena competitividad del producto local lleven a la Argentina rumbo a un cambio en la estructura de mercado, donde el precio internacional comience a influir más sobre la formación del precio interno. Históricamente, la situación era la opuesta y la carne vacuna determinaba su precio localmente lo que permitía un saldo exportable variable, más allá de la cobertura de algunas cuotas como la cuota Hilton,de alta calidad,hacia Europa.

Brevemente, hasta aquí se ha mostrado que la importancia del sector agroindustrial para la Argentina (en el primer bimestre del año, la agroindustria representó un 76,6% de las exportaciones contra un 65% del primer bimestre de 2020) contrasta con las tensiones generadas por las estrategias oscilantes de las autoridades con respecto a la formación de precios en el mercado interno. Pero,además, el sector agroindustrial enfrenta el descuido de aspectos fundamentales para su desarrollo. Un ejemplo de ello es la licitación de la Hidrovía Paraná- Paraguay que deberá hacerse en breve con muy poco tiempo para la preparación de los pliegos de licitación. Cabe recordar que por esa vía fluvial se exporta en torno del 80% de los productos agroindustriales del país. Otro ejemplo claro de falta de previsión de la política pública es el caso de los biocombustibles. En mayo próximo vencen los beneficios de la actual ley y el Senado aprobó su prórroga. Sin embargo, no ocurrió lo mismo en la Cámara de Diputados. Las principales provincias productoras son Santa Fe, Córdoba y las provincias del NOA. Los temas en discusión son el corte de combustibles fósiles con biocombustibles (10% biodiesel y 12% bioetanol); la exención del impuesto a los combustibles; exenciones de IVA y Ganancias, sistema de precios regulados por el Estado y el otorgamiento de cupos por planta de la Secretaría de Energía. Este hecho ha provocado un alto nivel de incertidumbre en el sector.

En contraste con una política sectorial poco actualizada y con las oscilaciones en la estrategia del gobierno hacia el sector, la agroindustria sigue avanzando. Por ejemplo, se ha dado a conocer que la Unión Europea pagará un valor diferencial por la soja argentina producida de manera sustentable que esté certificada con el sello ASC de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid). Además, nuestro país sigue ostentando el primer puesto como exportador de semillas para cultivos extensivos en América Latina y vuelve a reactivar el importante cluster de maquinaria agrícola que ha desarrollado con éxito durante casi una centuria.

Por último, además de mejorar la gestión de las políticas internas hacia el sector, la Argentina debería prepararse para la discusión de las modificaciones de las reglas de juego en el terreno del comercio internacional agropecuario.

Para empezar, a fines de noviembre de este año la Organización Mundial del Comercio planea su duodécima Reunión Ministerial para discutir los problemas del sistema multilateral de comercio. Entre ellos, deberían incluirse avances en las negociaciones agrícolas. Las dificultades de mantener operativas instituciones como el Tribunal de Resolución de Controversias de la OMC debido a los obstáculos opuestos por los Estados Unidos hasta recientemente o el interés europeo en poner énfasis en los problemas medioambientales vinculados al comercio, junto a la demanda generalizada de sus miembros para proceder a una modernización de los instrumentos de la OMC podría desviar la atención de un tema que es muy importante para nuestro país.

Además, muy recientemente, a finales de marzo la Comisión Europea publicó la versión final de la Evaluación de Impacto de Sostenibilidad sobre el potencial impacto económico, social, ambiental y de derechos humanos de la parte comercial del acuerdo de asociación entre la Unión Europea y los países del Mercosur. Al contrario de las opiniones de algunos países miembros (Francia, Bélgica o Polonia, por ejemplo), el informe considera que el resultado del acuerdo será beneficioso para las partes, en particular como instrumento para ampliar el comercio luego de la Pandemia. Según el informe, el beneficio para los europeos provendría entro otros aspectos de la reducción de las barreras no arancelarias y la protección de las indicaciones geográficas de la UE en los países del MERCOSUR, incrementando sus exportaciones agrícolas y alimentarias. El informe también asevera que políticas apropiadas basadas en el mercado pueden prevenir cualquier impacto importante del acuerdo comercial sobre la deforestación en el MERCOSUR y cita las políticas e iniciativas similares implementadas en Brasil entre 2004 y 2012 que resultaron en una disminución de la deforestación mientras que la producción agrícola aumentó. A la vez, se destacan las preocupaciones sobre el impacto potencial del acuerdo sobre el medio ambiente, los derechos humanos y los pueblos indígenas y se hacen recomendaciones destinadas a minimizar este impacto. La Comisión Europea entiende que un compromiso firme por parte de los países de MERCOSUR es una condición necesaria para superar este aspecto. Aunque los obstáculos en el Parlamento Europeo aún subsisten, el análisis favorable de este informe constituye un paso adelante en el largo proceso aún pendiente para poder llegar a etapas decisivas y es, en definitiva, una buena noticia.

Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez

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