Argentina y el multilateralismo en el siglo de China

La inserción argentina a través del comercio internacional es uno de los factores clave para su desarrollo. La salida de la Pandemia y la reanudación de negociaciones internacionales de comercio anticipan cambios. Los principales países del mundo estarán a cargo de las redefiniciones. China se encuentra ahora entre ellos y jugará un papel central. El conjunto de países avanzados y China son los principales mercados de destino y origen para el comercio argentino, además del MERCOSUR. Para lograr sus objetivos, nuestra estrategia externa deberá estar atenta a esos nuevos datos del contexto internacional.


En el primer trimestre de este año, las exportaciones argentinas de mercancías sumaron USD 15407 millones, lo que representa un aumento del 15,3% con respecto a igual trimestre de 2020 y el mayor valor del período 2014-2020. Ese incremento se debe, esencialmente, a un aumento del precio internacional de nuestros principales productos agroindustriales, dando lugar a que nuestras exportaciones de manufacturas agropecuarias crecieran un 51,2% en el trimestre. Del lado importador también se observó un aumento de las compras en el trimestre del 30,3% que, en este caso, se debió básicamente a un aumento de las cantidades importadas. Ese aumento se traduce en una reducción del -7% cuando el primer trimestre 2021 se compara con el promedio de los primeros trimestres del período de referencia, 2014-2020. Como viene ocurriendo desde 2019, el saldo del balance comercial fue positivo en USD 2531 millones, aunque este resultado es un -7,4% menor al del promedio de los dos años anteriores.

En cuanto a nuestros socios comerciales, en este primer trimestre de 2021, el MERCOSUR fue nuestro principal socio, representando el 22,6% del comercio total de mercancías (exportaciones más importaciones). Nuestro segundo socio fue la Unión Europea, destino y origen tradicional de nuestro comercio externo, con una participación del 14,4%. China aparece en tercer lugar con una participación del 13,5% y los países de América del Norte (actual UMSCA) ocupan el cuarto lugar, con un 8,9% de participación. Estos cuatro destinos explicaron el 59,4% de nuestro intercambio comercial en los primeros tres meses de 2021. Con la Unión Europea nuestro saldo de balance comercial estuvo prácticamente equilibrado, mientras que con el resto de nuestros principales socios, el saldo comercial ha sido negativo. El saldo negativo es especialmente importante en el caso de China (ver Gráfico 1).

Gráfico 1

Fuente: FIEL en base a INDEC

Si se analiza el ciclo del comercio internacional de la Argentina entre 2016 y 2020, los resultados muestran que la normalización de la macroeconomía a partir de 2016 llevó a un aumento de los flujos comerciales hasta 2018, cuando una nueva crisis macroeconómica causó una fuerte reducción del comercio. En 2020, esa desaceleración fue reforzada por los efectos de la Pandemia. Durante el ciclo de crecimiento, el comercio se intensificó, sobre todo con el MERCOSUR que llegó a superar una participación del 25% mientras que el resto de los principales destinos mantuvieron su participación. En el ciclo de contracción más reciente, en cambio, el MERCOSUR y los destinos más tradicionales de la Argentina perdieron participación y China la fue ganando hasta convertirse en 2020 en nuestro segundo socio comercial. Los cuatro principales socios bajo análisis pasaron de representar el 67% del comercio en 2016 a tener una participación del 60% en 2020. Esos siete puntos de diferencia se sumaron al gran número de países clientes y proveedores de la Argentina, sobre todo en el Sudeste de Asia (incluida la India) y Medio Oriente. Esos destinos y China mantuvieron o aumentaron sus importaciones desde nuestro país en el período.

Dado que la Argentina requiere un fuerte impulso exportador para su desarrollo (ver esta sección en Indicadores de Coyuntura del mes anterior), es un tema de gran interés para la estrategia externa de nuestro país entender cómo será la recuperación del comercio internacional post-pandemia y cuáles serán los resultados más probables de las negociaciones que tienen lugar entre los principales países como los Estados Unidos, China y la Unión Europea (nuestros principales clientes fuera de América Latina) junto con las deliberaciones en el marco de los organismos multilaterales como la Organización Mundial del Comercio (OMC).

A fin de marzo, la OMC dio a conocer su pronóstico de crecimiento comercial indicando que “las perspectivas de una rápida recuperación del comercio mundial han mejorado debido a que el comercio de mercancías se expandió más rápidamente de lo esperado en el segundo semestre del año pasado”. Según las nuevas estimaciones de la OMC, se espera que el volumen del comercio mundial de mercancías aumente un 8,0% en 2021 después de haber caído un 5,3% en 2020. Para 2022 se anticipa una expansión más modesta, en torno al 4%. Ese crecimiento será liderado por los países más avanzados junto con los países del Asia y Medio Oriente. América Latina se encuentra entre las regiones donde el crecimiento del comercio se retomará con más rezago.

La reanudación de los negocios, con todo, podría tener características y seguir tendencias diferentes a las del pasado. Son varios los temas que están en discusión para las empresas y los países. Uno de ellos se refiere a la vigencia de las cadenas de valor internacionales que han caracterizado a la globalización. Esas cadenas materializaron la mudanza a los países emergentes del Este Asiático, particularmente a China, de una parte importante de la producción de insumos desde los años 90. Las reducciones de costos logradas expandieron el consumo y mantuvieron a raya a la inflación mundial durante más de dos décadas. Una de las consecuencias de la Pandemia fue crear fuertes retrasos en los esquemas “just in time” de los inventarios de las principales empresas internacionales de manufacturas. Así, por ejemplo, la falta de microprocesadores que integran bienes durables de inversión y consumo sigue limitando la recuperación de los mercados con demandas ansiosas de nuevos productos. Otro problema visible ha sido la aparición de fallas en el abastecimiento de productos vinculados a la salud, lo que está llevando a una redefinición de la “seguridad sanitaria” de los países.

Estos indicios anticipan que será necesario que la lucha contra los riesgos de un mayor proteccionismo comercial que siguió a la crisis financiera internacional del 2007-08, requiera ser reforzada para evitar las consecuencias negativas de renovadas doctrinas de seguridad nacional (por ej., sanitaria y alimentaria) vinculadas a los efectos de la Pandemia.

Además, los nuevos interrogantes con respecto a la globalización se dan en un contexto de instituciones multilaterales debilitadas, empezando por la OMC. A fines de noviembre de este año se llevará adelante la XII Reunión Ministerial de este organismo, donde sus 164 miembros debatirán los problemas de la agenda multilateral. Temas como la facilitación de inversiones para el desarrollo o la liberalización del comercio agrícola podrían entrar en las discusiones junto con la necesaria normalización del Sistema de Solución de Diferencias como órgano de custodia del cumplimiento de los acuerdos firmados por las partes. Su funcionamiento estuvo parcialmente paralizado en los últimos años por el desacuerdo de los Estados Unidos con algunos de sus resultados.

Tanto la evolución de la globalización del comercio mundial como su organización multilateral dependerán de decisiones soberanas y acuerdos de los principales países líderes mundiales. Pero a diferencia de lo que ocurría en cumbres anteriores de negociaciones comerciales, ya en la Cumbre de Buenos Aires (2017) y aún más en esta oportunidad, se observará un cambio de actores en cuanto a la importancia de sus roles en las decisiones a tomar.

Con su ingreso a la OMC en 2001, China mostró su interés por mantener las reglas multilaterales del comercio a la vez que escalaba posiciones como productor manufacturero de nivel internacional. En años recientes, las disputas comerciales con los Estados Unidos mantuvieron en vilo al mundo. Recientemente, el desacople económico entre China y los Estados Unidos presentó indicios de aceleración con la firma de nuevos acuerdos que tratan de construir lazos económicos más sólidos entre China y otros países avanzados. Un ejemplo de ello es el Acuerdo Integral de Inversión (CAI) con la Unión Europea, firmado a fines de 2020. China buscaría también extender su influencia regional y global con las iniciativas del Asociación Económica Integral Regional (RCEP) que incluye entre sus quince miembros asiáticos a Japón y Australia (pero no a la India) y el plan de construcción y financiamiento de infraestructura conocido como la Belt and Road Initiative. Con este último programa, el país asiático ha llegado con sus inversiones hasta América Latina. Por último, las señales de China a través de su nuevo Plan quinquenal 2021-25 muestran su interés en reducir la dependencia de su crecimiento de las exportaciones, mejorar la sustentabilidad de su desarrollo y lograr un lugar en la carrera tecnológica mundial (Plan Made in China 2025). El nuevo plan quinquenal se basa en una estrategia de «circulación dual», según la cual China apuntará a fomentar el crecimiento basado en la demanda interna y la autosuficiencia tecnológica. El objetivo buscado es aumentar la demanda de sus socios comerciales por acceder a su mercado en crecimiento y a la elaboración de manufacturas de la más alta tecnología.

El crecimiento de China a lo largo de los últimos 40 años ha sido objeto de numerosos estudios y en la última década los analistas de las relaciones internacionales han acuñado expresiones para destacar aspectos particulares del sostenido proceso de desarrollo de ese país. Así, se ha reconocido a China como “fábrica del mundo”; se ha analizado la eventualidad del “desacople China-Estados Unidos” y, más recientemente, se ha denominado a la centuria que se inició en los 2000 como “el siglo de China”.El cuadro 1 da una idea de esa evolución.

Cuadro 1

Fuente: FIEL en base a datos FMI y Banco Mundial.

Desde que China decidió avanzar en una estrategia de desarrollo del “socialismo de mercado” a fines de los años 70, su tasa de inversión, de por sí alta, se benefició con el ingreso de inversión extranjera directa que ayudó a modernizar el país. En todo el período, el ingreso per cápita chino aumentó hasta niveles de desarrollo intermedio. En el curso de esa evolución, China se volvió uno de los principales exportadores e importadores mundiales.

Con todo, hacia el futuro, el proceso de desarrollo chino (junto con el del resto de los países emergentes, particularmente India) enfrenta límites diferentes de los presentes en los procesos anteriores, de los siglos XIX y XX. En el primer período, los países de la Revolución Industrial contaban con innumerables recursos disponibles en sus colonias que favorecieron su crecimiento. En el siglo siguiente, los avances tecnológicos y la ampliación definitiva de las fronteras de usos de los recursos en los países en desarrollo volvieron a sumar países al crecimiento. En esa etapa se registraron resultados dispares. Algunos países alcanzaron niveles cada vez más cercanos a los países más avanzados (Corea del Sur, Taiwán, Chile) mientras otros quedaron a mitad del camino. Estos últimos, se dijo, habían caído en la “trampa de ingresos medios”. A la vez, se mantuvo un conjunto rezagado de países, especialmente en África, que no pudieron superar la “trampa de pobreza”.

Reconociendo las desigualdades mundiales, la discusión internacional también se ha concentrado en los mecanismos para superarlas. Pero el siglo XXI es escaso en recursos y el mundo enfrenta consecuencias globales del actual estilo de desarrollo. Una de ellas es el grave problema del cambio climático. Hay un reconocimiento creciente de este problema y así, por ejemplo, pese a sus desencuentros, China y los Estados Unidos anunciaron su compromiso para trabajar conjuntamente y con otros países en la lucha contra el cambio climático, tomando medidas específicas adicionales para reducir las emisiones (este acuerdo precedió a la Cumbre del Clima convocada por los Estados Unidos a fines de abril de 2021).

Los países en desarrollo, incluida la Argentina, dependen de la continuidad del sistema multilateral y libre de comercio para su crecimiento. El cambio de los principales interlocutores mundiales que lo definen afectará el escenario de nuestro comercio y de las inversiones directas que, potencialmente, podríamos recibir. El protagonismo comercial de China ya está presente en nuestro comercio internacional. La estrategia externa de nuestro país deberá prestar especial atención a todos estos datos.

Marcela Cristini y Guillermo Bermúdez

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