Situación fiscal compleja. Una vez más

El punto de partida

En el primer trimestre del año, el Sector Público Nacional no Financiero registró un déficit primario del 0.8% del PIB y un déficit financiero de 2.1% del PIB. El gasto primario se mantuvo aproximadamente sin cambios en términos reales respecto de un año atrás; mientras tanto, los ingresos totales aumentaron casi 14 puntos porcentuales por encima de la inflación. Esto se traduce en ingresos totales equivalentes al 18.6% del PIB estimado para el período (17.5% en igual período de 2020) y gastos primarios por 19.3% del PIB (20.1% en 2020). De la parte de los ingresos, las mayores contribuciones a la suba surgen de cambios en la carga tributaria sobre los bienes personales (impuesto que multiplica por 3 su participación en el PIB, alcanzando al 1.4%) y de la mejora en los precios de las exportaciones, que se traducen en ingresos equivalentes al 2.4% del PIB en concepto de derechos de exportación (1.2% en igual período de 2020). Estas alzas, acompañadas en mucho menor magnitud por el IVA (recordemos que la pandemia afectó sólo una parte del mes de marzo), se vieron en parte compensadas por la merma en la recaudación de impuestos sobre el trabajo. Por el lado del gasto primario, se notan bajas en salarios (incluyendo transferencias corrientes a universidades) y alzas en el gasto de capital, déficit de empresas públicas y subsidios a actividades económicas.

Vale la pena detenerse en este último punto. De acuerdo con información de ejecución presupuestaria de la Administración Nacional, en el primer trimestre del año el total de transferencias de carácter económico a empresas públicas, fondos fiduciarios y al sector privado alcanzaron al 1.8% del PIB; en igual período del año pasado el importe transferido se ubicó en el 1% del PIB del período. Las transferencias a CAMMESA se duplicaron pasando a representar el 0.8% del PIB, las del Plan Gas No Convencional pasaron de 0 a 0.2% del PIB y también aumentaron las del Correo Argentino y a industrias del sector privado.

Por último, las transferencias al sector privado incluyen acciones para enfrentar la pandemia (que incorporan el gasto en vacunas) del orden del 0.6% del PIB.

Qué se puede esperar hacia adelante

En base a estos comportamientos, a los cambios tributarios legislados luego de la sanción del presupuesto (vg. ganancias de personas físicas y empresas; contribución sobre las grandes fortunas; movilidad previsional), a un escenario macroeconómico que implica un escaso crecimiento desestacionalizado a lo largo de los próximos meses y que termina, en el año, resultando levemente superior al del Presupuesto, a una inflación que probablemente se encuentre entre el 46 y el 50% a fin de año y con tarifas acotadas –por debajo de lo previsto al plantearse el esquema presupuestario-, realizamos una estimación para el año, que podemos comparar con las cifras incluidas en el Presupuesto para 2021.

Por un lado, pese a la suba de los precios internacionales (y los consecuentes mayores ingresos por retenciones ya mencionados) y a los mayores ingresos previstos por la contribución extraordinaria sobre las grandes fortunas, es probable que los ingresos tributarios sean algo menores a los presupuestados; sin embargo, por el lado de los ingresos, la mayor diferencia, hacia abajo, está dada por los menores recursos para la seguridad social en vista de la caída esperada para los salarios reales (y aun cuando se prevea crecimiento del empleo). En suma, en lugar de ingresos por 17.9% del PIB, esperamos que estos alcancen al 17.3%. Los gastos podrían ubicarse también por debajo de los presupuestados en similar magnitud. Ello siempre que: (i) los gastos de capital se mantengan, en términos nominales, en los niveles presupuestados (hecho que implica una baja de 0.3% del PIB), lo que equivale a decir que el financiamiento provisto por la contribución especial desplaza otros gastos de inversión; (ii) las transferencias No Covid–que incluyen los subsidios a sectores económicos y empresas públicas, aumentan pero no en términos del PIB; (iii) las prestaciones de la seguridad social, siguiendo la movilidad definida en la nueva ley, caen significativamente en términos del PIB; (IV) los gastos en remuneraciones y en bienes y servicios disminuyen ligeramente, en términos del PIB, respecto de su comportamiento en el primer trimestre. Por último, los únicos gastos que aumentan respecto de lo presupuestado, y de lo efectivamente gastado en el primer cuarto del año, son las transferencias vinculadas con el Covid, alcanzando al 0.8% del PIB en el año (el crédito inicial fue equivalente al 0.3% del PIB y representaron el 0.6% del PIB en enero-marzo); claro que esta cifra representa una caída de 2.8% del PIB respecto de lo ocurrido a lo largo de 2020.

Cuadro 1

En suma, las cuentas públicas nacionales enfrentarían un déficit primario superior al 4% del PIB. La reducción respecto del año pasado resulta, por tanto, inferior a la reducción del gasto vinculado a acciones para mitigar los efectos de la pandemia.

Y cómo se financia?

El supuesto sobre el que hemos trabajado es que lo que se pague al FMI y, si algo, al Club de París, surgirá de los DEGs que la Argentina recibirá como consecuencia del aumento del capital del FMI. Los vencimientos (capital más intereses) netos de esos compromisos totalizan 7.8% del PIB; a ello hay que sumarle el déficit primario. El BCRA podría girar utilidades equivalentes al 3.4% del PIB y adelantos transitorios (ordinarios y extraordinarios) por 1.4% del PIB; ello con una política monetaria razonablemente prudente, consistente, de todos modos, con la inflación más arriba comentada. Todavía quedarían por conseguir fondos equivalentes al 6.8% del PIB en el mercado interno.

Cynthia Moskovits

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